
El traidor estaba sentado a la derecha del señor, comía y platicaba con él todos los días…No estoy hablando de Judas Iscariote, estoy hablando de miembros de una institución de la Marina Nacional, quiénes traicionaron la confianza de un pueblo, de una nación y de un gobierno.
Dante Alighieri deposita en el fondo, en lo más profundo del infierno a los traidores, y es ahí donde estará inmerso este caso de huachicol fiscal y el barco custodiado por elementos de la Marina Nacional.

El daño es severo, herida mortal a la confianza, estocada con daga de la corrupción en las fibras más sensibles de un pueblo que albergaba esperanza. Nuestro ex presidente, queda manchado, no se salva del lodo esparcido por malnacidos que cayeron en la tentación del dinero, porque les dan cuerda a los enemigos, a la extrema derecha de llenarse sus bocas acusándolo de solapador, inocente, ingenuo y hasta cómplice.
Y como callarlos si el mismo AMLO en su momento dijo, “acaso Felipe Calderón no sabía nada de su jefe de policía, o era muy tonto o era cómplice”. Grave las dos cosas, porque esto lo deja en las mismas circunstancias.
Personal muy cercano, (familia) del secretario de Marina, Almirante Ojeda, inmiscuidos, en una red de corrupción conocida como huachicol fiscal.
Si bien, la presidenta de México ha actuado con rigor y mano de hierro para combatir este tipo de crimen, el nombre de nuestro país no sale limpio ante la comunidad internacional, y nos señalan como un país corrupto hasta la médula, donde su Ejército y su Marina se han corrompido, su poder judicial protegiendo con amparos a estas lacras de la sociedad, criminales, estafadores y evasores.

Ahora sí cabe la frase «Me dueles México»
los verdaderos traidores a la patria están en las instituciones de defensa, y nosotros peleándonos, defendiendo o acusando a los políticos que en su voz, quieren entregar la patria a los extranjeros, cuando los verdaderos vende patrias, están en las instituciones militares y navales.
Se destapó la cloaca, su hedor inunda cada rincón del país. Ahora es huachicol, y huachicol fiscal, en las aduanas también faltará señalar el narcotráfico, el lavado de dinero, el tráfico de influencias y quién sabe qué tanta porquería.
La única esperanza es que el nuevo poder judicial y la mano de la presidenta Claudia Sheimbaum, así como la Fiscalía General de la República actúen sin opacidad, sin encubrimiento y con todo el peso de la ley, caiga quien caiga para salvar un poquito de la credibilidad de nuestras instituciones.
Uno de los pilares de la 4T es el combate a la corrupción. Pero esa mugre pegada por décadas en nuestra piel, en nuestra forma de concebir como es el mundo, nos sigue carcomiendo, nos persigue en la mordida, en la evasión, en la mirada que voltea a otro lado, o en el desinterés. Porque si lo hacen las autoridades, si lo hace la policía, si lo hace el ejército, si lo hace la marina, ¿uno porque no?
Con que cara, con qué calidad moral les hablaremos a nuestros hijos, a nuestros cadetes en formación, a nuestros estudiantes universitarios sobre lealtad y honestidad como valores estandarte.
En el caso del México 68, en Aguas Blancas o Ayotzinapa fue el ejército, pero atreverse a decirlo es la calumnia más grande a esta institución, en este caso de huachicol fiscal son aproximadamente 200 elementos involucrados de la Marina, ¿acaso también será una calumnia? Si las dos instituciones garantes de la paz y la soberanía han actuado en actos criminales, ya no se diga al Poder Judicial podrido que se ha expulsado solo a la mitad en votación popular.

AMLO es y será un buen hombre, será recordado como uno de los mejores presidentes de México, pero con errores, como haber confiado en las instituciones como Segalmex, El Ejército y la Marina, corrompidas por un puñado de elementos, malos elementos que desprestigiaron y actuaron como traidores a la patria.
Me dueles México, en lo más profundo de nuestro ser, porque se ha sembrado la semilla de la desconfianza, la semilla de que todos tienen un precio, que la lealtad es un valor sin valor.
AMLO se equivocó con «abrazos no balazos», Él es sobradamente un hombre honesto, pero que confío en hombres que no todos compartieron sus ideales, que los compro su ambición y traicionaron como Judas un proyecto de nación que apuesta por combatir la corrupción.
Benito Juárez tuvo razón cuando mando a fusilar a los traidores de Miramón, Maximiliano y Mejía, Ahí no hubo perdón, como ahora La presidenta Claudia Sheimbaum Pardo, ha dado muestra de que actuará sin tapar ni solapar a nadie, las fiscalías investigan y los mexicanos nos preguntamos si los nuevos jueces aplicarán la ley.
Quiero cerrar mis oídos cuando señalan que México tiene un narco gobierno, de que en la política y los políticos impera la corrupción, de que no hay trámite sin mordida o del que no tranza no avanza. Pero la triste realidad nos alcanza y nos grita: en México impera la corrupción.

Lo único rescatable, la esperanza que se mantiene viva es que se aplique la ley a todo aquel que cometa un delito, que no importe quien sea, hijo de quien sea, militar o naval, político o policía porque no habrá más encubrimiento que compre el dinero de un poder judicial o de una fiscalía.
Un grupo de militares no son el Ejército mexicano, un grupo de marinos no son la Marina Nacional, un mal político no es todo el Poder legislativo, un delincuente no es el pueblo de México. Un narcotraficante no es el gobierno.
Este gobierno, el de la Cuarta Transformación saldrá más fortalecido aplicando todo el peso de la ley contra cualquier delincuente, sino es así, estaremos destinados a hundirnos como un barco que se pierde, no en aguas profundas, sino en lodo que asfixiara a toda la nación.
